Nancy Girolami

Soy hija única de un matrimonio conectado con la música, el arte plástico y la danza. Este hecho me llevó desde muy pequeña a valerme por mí misma y jugar en la búsqueda de nuevas formas, paisajes y descubrimientos. Exploraba, curioseando en las experiencias, que la vida me traía. Me fascinaron siempre la música, el canto, los colores, pintados o fotografiados por mis ojos.
Siempre tuve la tenaz alegría de vivir en la búsqueda del disfrute, mas allá de lo difícil de las difíciles circunstancias de mi realidad.
El arte visual fue el primer camino, hice la carrera en la universidad de Buenos Aires, a la par de mi incesante y tenaz búsqueda espiritual. Sentía ya la unión de la creación con la espiritualidad. Pude explorar mundos dentro de la metafísica, primero la sicología en diferentes ramas, la meditación de los budistas tibetanos; con ellos aprendí disciplinas y he llegado a la conclusión de que la conjunción del arte con este mundo, cada vez me acerca más a mi esencia.
Después de dedicarme enteramente a ser madre de cuatro hijos, pude retomar mi camino espiritual con el reiki y la sanación, a pesar de que nunca lo abandoné del todo. Así es que, a través de esto, descubrí en mí el poder de sanar con las manos. A partir de aquí, sentí que había un universo por explorar; que debía atreverme a descubrir e ingresé por pura sincronía, en la física cuántica, las danzas ancestrales y tantas otras disciplinas que me llevaron a “afinarme”, como si de un instrumento se tratara, a través de mi cuerpo.

Sé que ahora mi tarea es, ser canal de estos cirujanos etéricos de la Pléyades que, desde el 2007 que me dieron este don. Con certeza compruebo como, desde un nivel tan sutil e imperceptible para nuestra condición humana, ellos rompen bloqueos energéticos, de memorias enquistadas, en esta y varias vidas, a través de mis manos y cantando sus cantos. A distancia pude corroborar cambios en las vidas de personas que estaban desahuciadas, en las que en pocos días todo se transformó.

Sí comprendí, que primero debo sanarme y auto-sanarme continuamente, para ser canal y compañía, de las personas a las que asisto, en un estado de horizontalidad e igualdad en la experiencia de la autosanación. Me considero una buscadora y como tal, avanzo en mi camino de la superación espiritual.

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